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Acueducto de Albear.

El acueducto de Albear es el nombre de un sistema de abastecimiento de agua de la ciudad de La Habana, Cuba, construido en el siglo XIX por Francisco de Albear.  

A principios del siglo XIX, la ciudad de La Habana, Cuba, comenzó a sentir una grave escasez de agua potable. Después de haber negociado con varios ingenieros franceses, en 1852, el gobernador de Cuba, José Gutiérrez de la Concha, decidió crear una comisión para proponer soluciones para el suministro de agua de la ciudad. La comisión debía ser presidida por Francisco de Albear, entonces coronel del Cuerpo de Ingenieros del ejército español y presidente del Comité de Obras Públicas de Cuba. Su asistente principal fue José Luis Casaseca, Director del Instituto de Investigaciones Químicas de La Habana. La construcción de un nuevo sistema de suministro de agua fue una necesidad para la mejora de las condiciones sanitarias de la ciudad. Hubo severos brotes de cólera en 1850, 1856, 1865 y 1867-1870. La mortalidad debida a la disentería y otras enfermedades transmitidas por el agua también fue alta.  

Las investigaciones llevadas a cabo por el equipo de De Albear fueron extensas. Investigó varias alternativas entre las cuales se encuentran el uso de los ríos Luyanó, Martín Pérez, Guasabacoa, Marianao o Almendares, así como de los manantiales de Cacahual o del Calvario, que rechazó por diversos motivos. Finalmente se decidió por el uso de los manantiales del Vento, tanto debido a la calidad superior del agua como a la posibilidad de transportar el agua por gravedad, la fuente se encuentra 41 m más alta que la ciudad. Los estudios químicos realizados por José Luis Casaseca permiten concluir que el agua de los manantiales del Vento debía aislarse del río Almendares para evitar el deterioro de la calidad del agua, lo cual era motivo de gran preocupación debido a la ubicación tropical de los manantiales. la isla.  

Sin embargo, solo en 1855, una segunda comisión, presidida también por Francisco de Albear, inició extensas inspecciones geológicas e hidrológicas en el campo, para cerciorarse de que los manantiales tenían la capacidad de cubrir las necesidades de agua de la ciudad. Finalmente, el 25 de noviembre de 1855, De Albear pudo presentar su informe al gobernador José Gutiérrez de la Concha.  

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